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Gilberto Aceves Navarro, divertimentos en bulto y relieves

August 25, 2018

 

Un véritable courant d’air.

Patrick Modiano: Chien de printemps (1993).

 

 

“Más vale pájaro en mano que ciento volando”, y lo cree a pie juntillas nuestro tesoro viviente: jugando nos convida su imaginario. Como si se tratara de una mera distracción amasa el barro o la cera, dobla, tortura y exprime el material, hasta orde.ar una especie de caricatura veros.mil. Inconsciente de que est. creando, se entretiene y divierte. No se lo toma en serio o no tanto, puesto que incluso suele desde.ar el volumen, a menos que se proponga formatos públicos, urbanos (avenida Chapultepec, UAM-Xochimilco, UAM-Azcapotzalco, Paseo de la Reforma, en la Ciudad de México; Paseo Bolívar en Chihuahua, como botones de muestra), favoreciendo las siluetas, los relieves, las sombras.

 

Mås empeño encontramos en su dibujo y su pintura; dado que, obsesionado con los retos, se afana en extraer de las superficies planas, masas y contornos, pesos, densidades y profundidades. Infante longevo, dise.a sus artilugios para olvidar la circunstancia que lo engulle, y que no suele gustarle, polemiza con ella, la transgrede. ¿Cómo? Ridiculizándola, mellando su seriedad y hieratismo: retozando, entreteniéndose, burlándose. El arte, forma de vida; credo y liturgia. Porque sí, ausentes los conceptos, vol.tiles los compromisos. Ser para hacer. Refocilarse, escribirla Gonzalo de Berceo: fajarse con el asunto, medirse con el típico, mondar las cáscaras que envuelven al mundo. Nuestro artista jamás pretende convencer, agota su energía en el cortejo del espectador, al que, contra viento y marea, venciendo sus resistencias, ahora cómplice. No apela entonces, a la razón, sino a la vitalidad mediante el artificio de las cosicosas que va pariendo en sus ratos de molicie, esos seres de placer de las cortes del barroco, la emoción fatigada a golpes de humor y ocurrencias del dadaísmo.

 

A ratos Velázquez en los deambulatorios del Alcázar madrileño, por momentos se transforma en circo y palestra, en ese predicador sin sentido llamado Hugo Ball, siendo su propio Cabaret Voltaire que sienta sus reales en Zurich. Enemigo de la solemnidad, resuelve las piezas en raptos de azar e irrupciones de ingenio, como al negársele la representación del más broncíneo de nuestros héroes en la magna exposición Mi Juárez de todos los días (Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec, 2006) termina por exhumar al de Guelatao de entre los cajones de una c.moda, coronando el mueble con su descomunal cabeza y agregándole unos zapatones, como de mimo o bufón, a los pies del chiffonier , “lugar para guardar trapos”; y lo emprendió por cientos, minúsculas esculturas, legiones de zapotecos blanqueados por el caolín y los feldespatos, en porcelana sin bru.ir, homenaje a la cerámica inventada durante la dinastía Han del Este por all. del siglo II de nuestra era.

 

Procede, claro está, con rigor, concentrándose hasta el tuétano, pero sin despeinarse: goza, se procura sus dosis de placer, sin recato ni santurronería. Es un compositor de formas desafiantes a toda lógica, no un apóstol (en griego: Απόστολος, “enviado”); ya que se atiene a su evangelio personalísimo, no hace caso a nadie y sin embargo todo lo sabe y escruta, por eso se dedica a trabajar en series que glosan los modos de otros, visitaciones, podrá afirmarse. Y para cumplir tales desplazamientos, nada mejor que reinventar-diseñar-metamorfosear un medio de transporte amigable con el ambiente, de arresto mecánico, al viento: la bicicleta, ese ente locomotor propio de ni.os, panaderos y mensajeros. Vehículo ágil, barato, popular y, sobre todo, sano. Dispositivo de propulsión humana que copara la atención de Leonardo da Vinci en eso que hoy conocemos como el Codex Atlanticus  (pluma y tinta sobre papel; 61 x 44 cm.; armado y reunido por el escultor Pompeo Leoni a fines del siglo XVI; Biblioteca de la Academia Ambrosiana de Mil.n), en su folio 133v2, donde aparece el dise.o de un antecesor de este velocípedo fechable hacia 1490.

 

En honor a la verdad nuestro fabulador no es muy dado al ejercicio, prefiere la contemplación, de tal suerte que se delecta en las figuras femeninas, recostadas cual si fueran chac-moles, o de pie y, con el rostro girado y la mano en la entrepierna, pensando en Pablo Neruda: “He ido marcando con cruces de fuego el atlas blanco de tu cuerpo”, aunque se trate de mujeres baqueta, prietas de bronce, “de peca tupida”, del color de la tierra. Y el desfile de los patinadores, lo invitante de las sillas, el saludo de las manos o las cabezas cercenadas. Entre sonrisas y carcajadas brotan sus obras en despliegue festivo de una sensibilidad que, pese a lo desbordado de su espíritu crítico, se refugia en la fuerza de la alegría.

 

Para Gilberto Aceves Navarro (1931) el taller es su celda y su aposento regio, all. se encuentra con su razón de ser: componer objetos fantásticos, de un realismo deformado por la iron.a y la inteligencia. Cautivo de su propio talento, este contador de cuentos, incontinente, demuestra que est. en plenitud de forma, gracias a que sabe darse una vuelta en bicicleta, cuando no echarse un taco de ojo.

 

 

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